miércoles, 29 de diciembre de 2010

Mando esta foto vieja

De: carmen chapela
Fecha: Sat, 25 Dec 2010 18:56:52 -0800 (PST)


mando esta foto vieja. Me la encontré por ahi. Gabi le está haciendo la maldad a Adrián. Vean la cara de malosa que tiene.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Socialismo centrado en la democracia económica

La Jornada Julio Boltvinik: Economía Moral

Propuesta de Schweickart en la Semana de la Ciencia y la Innovación

Como parte de la Semana de la Ciencia y la Innovación que el gobierno del DF realizó esta semana en el Palacio de Minería, se incluyeron dos mesas redondas con temas centrales de las ciencias sociales. En la segunda de ellas, David Schweickart (DS), profesor de la Universidad Loyola de Chicago, presentó una ponencia sin desperdicio en la cual relacionó la crisis con la transformación del capitalismo en la democracia económica que, argumenta, citando a Milton Friedman, ha pasado de “ser políticamente imposible a ser políticamente inevitable”. Friedman se refería a otra: al cambio ocurrido entre 1962, cuando sus ideas como uno de los dos padres fundadores del neoliberalismo eran políticamente imposibles, a 1982, cuando se volvieron políticamente inevitables. Dice DS que el cambio ocurrió cuando el keynesianismo fue incapaz de resolver el problema de la estanflación (estancamiento y creciente desempleo con inflación), porque para atacar el desempleo se requiere más gasto público, pero para atacar la inflación se requiere menos.

Foto

DS pasa a analizar la causa real, profunda, de la crisis. Para ello introduce una gráfica estilizada que he reproducido aquí. Después de la Segunda Guerra Mundial y durante treinta años (la edad de oro del capitalismo) la productividad del trabajo en Estados Unidos creció sostenidamente y los salarios reales subieron a un ritmo similar; después de 1975, sin embargo, los salarios reales dejaron de crecer a pesar de que la productividad del trabajo siguió creciendo rápidamente, con lo cual la brecha entre lo que produce cada trabajador y lo que se le paga (la plusvalía, diría Marx) se amplió más y más. Esta brecha, añade, haría pensar que el capitalismo entró en una crisis permanente de sobreproducción, al haber demasiada producción con relación al poder de compra. Pero el capitalismo, añade, logró que la gente, a pesar de los estancados salarios reales, siguiera comprando más y más mediante el endeudamiento. Dice nuestro autor: “La clase capitalista, en lugar de aumentar los salarios de los trabajadores para que pudieran comprar los bienes producidos, les prestaban dinero”. Pero este juego, añade, tenía que llegar a un fin: los sobrendeudados consumidores empezaron a dejar de pagar sus deudas. Y estalló la crisis.

Señala que contra la crisis se están intentando soluciones keynesianas, pero la experiencia de la gran depresión de los años 30 mostró que no son suficientes, pues a pesar del Nuevo Trato de Roosevelt Estados Unidos sólo salió de la gran depresión con la movilización para la guerra. Pero ahora, dice, no va haber una tercera guerra mundial y el aumento posible en el gasto militar es muy limitado. Se podría añadir que el estancamiento de Japón en los años 90, apunta a la ineficacia de los instrumentos de política disponibles para sacar a las economías de la crisis. Al introducir la crisis ecológica que se asocia al crecimiento galopante, el argumento de quienes proponen recuperar el crecimiento capitalista se ve, obligadamente, matizado con la idea de que ahora éste se basaría en tecnologías verdes. En opinión de DS, éste es un cuento de hadas, pues:

Requerimos cambiar nuestra economía para que su salud no dependa del siempre creciente consumo de las naciones ricas, consumo que, de cualquier modo, no hace felices a quienes vivimos en dichas naciones. Así que estamos arrinconados. Los preocupados por el creciente desempleo presionan para gastar, gastar, gastar, mientras los ecologistas denuncian que nuestra adicción al consumo está matando al planeta. Ambos tienen razón.

Por tanto, puesto que uno de los rasgos esenciales del capitalismo es que sólo puede funcionar bien con crecimiento galopante, no queda más que preguntarse si otro mundo es posible, lo cual aborda DS con gran conocimiento de causa, pues ha dedicado casi toda su vida profesional a pensar en la sociedad después del capitalismo, particularmente en sus libros Against capitalism (1993) y After capitalism (2002). Su propuesta se centra en lo que llama democracia económica y sostiene que ésta está en el horizonte. La democracia económica sería una formación social que estaría más allá del capitalismo, sería mucho más democrática que la actual y podría funcionar bien con o sin crecimiento de la producción. DS parte de lo que sabemos a la luz de los experimentos económicos del último siglo: a) Sabemos que los mercados competitivos son esenciales para el buen funcionamiento de una economía desarrollada y compleja; ésta es la lección negativa de los experimentos socialistas del siglo XX los cuales mostraron que la planificación no puede reemplazar totalmente a los mercados. b) Sabemos que se requiere algún tipo de regulación de los flujos de inversión para el desarrollo racional, estable y sustentable; ésta es la lección negativa de los experimentos neoliberales de los últimos treinta años. c) Sabemos que las empresas pueden ser manejadas democráticamente con pérdidas de eficiencia muy pequeñas o nulas y, en algunos casos, con aumentos de ella y casi siempre con considerable ganancia en la seguridad del empleo. Ésta es una lección positiva de muchos experimentos recientes en formas alternativas de organización del lugar de trabajo. Hay miles de empresas exitosas administradas por trabajadores en todo el mundo que han sido estudiadas y, hasta donde estoy enterado, dice DS, no existe ningún estudio que muestre que el modelo autoritario (capitalista) es superior al democrático.

Con estas premisas, el modelo que propone DS tiene tres componentes: a) Mercados de bienes y servicios, esencialmente iguales a los del capitalismo, pero que no incluyen mercados de trabajo ni de capital, y que están regulados para proteger la salud y la seguridad de consumidores y productores. b) Democracia en el lugar de trabajo, que remplaza la institución del trabajo asalariado; las empresas se conciben como comunidades; no como mercancías. El consejo de los trabajadores, órgano electo por los trabajadores (cada persona un voto), nombra a la gerencia a la que se otorga un importante grado de autonomía, con la obligación de rendir cuentas, los trabajadores no reciben un salario sino participan en las ganancias de la empresa. c) Control democrático de la inversión, que remplaza a los mercados financieros. Los fondos de inversión provienen de los impuestos a los acervos de capital de las empresas, que se reinvierten a través de bancos públicos. La planificación inteligente de la inversión, señala, es posible. A estos tres puntos esenciales, DS añade otros dos: uno para asegurar el pleno empleo, actuando el gobierno como empleador de última instancia, y otro para dejar un espacio en el que prospere la capacidad emprendedora. Muy interesante propuesta que tiene sentido como un todo. Tiene muchos puntos polémicos, pero los interesados en el futuro de la humanidad debemos tratarla con toda seriedad, junto con otras visiones de futuros socialistas. DS concluye diciendo con Friedman: “Tenemos que desarrollar alternativas, mantenerlas vivas y disponibles hasta que lo políticamente imposible se convierta en lo políticamente inevitable”.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Miedo

Denise Dresser

“El rey Enrique: Es cierto que estamos en grave peligro; por ello más grande aún debe ser nuestro valor.” Shakespeare, Enrique V

MÉXICO, D.F., 12 de octubre.- Felipe Calderón imprudente. Felipe Calderón obsesivo. Felipe Calderón tan atado psicológicamente a Andrés Manuel López Obrador que desentierra la frase con la cual polarizó al país. “Un peligro para México”, reitera con orgullo. “La política del rencor y del resentimiento que siembra”, reclama quien ahora demuestra lo que antes denunció. El presidente de México vanagloriándose de la división que le achaca a su adversario pero de la cual también es responsable. Cuatro años después de la elección y AMLO parece preocuparle más que el inminente regreso del PRI. Cuatro años después de un proceso agitado que insiste en revivir, Felipe Calderón vuelve a centrar la mirada en el lugar equivocado. En el miedo que despierta un hombre y no en las condiciones que lo produjeron. En el miedo que México debe tenerle al Mesías tropical y no en los problemas persistentes que propician su permanencia.

Porque el miedo que Felipe Calderón le tiene a Andrés Manuel López Obrador es el mismo que comparten tantos mexicanos más; los que prefieren odiar a un personaje antes que mirar al país que lo parió. Es el miedo a ese país de pobres, de “nacos”, de indígenas, de desarrapados. Miedo a quienes viven parados en los camellones vendiendo chicles o subsisten en el campo cultivando maíz. Miedo a los mineros enojados y a los cañeros sublevados. Miedo a los resentidos y a los marginados. Miedo a mirar la realidad del subdesarrollo detrás de la retórica de la modernidad. Miedo a la verdad y a nosotros mismos. Miedo a mirar al país tal y como es. Detrás de los mitos. Detrás de las cercas electrificadas y los muros infranqueables. Detrás de la hipocresía fundacional en un país profunda y dolorosamente desigual.

A México le urge tener miedo, pero no a un político controvertido. A México le urge el miedo necesario que nace de la honestidad desplegada ante el “país de mentiras”, como lo bautizó Sara Sefchovich. El miedo que surge frente a la brecha entre lo que se dice y lo que es; entre el discurso del poder y la realidad del poder. El miedo que emerge cuando se descubre que la mentira constituye la esencia de la vida política mexicana y además es indispensable para gobernar. El miedo a reconocer los engaños para consumo interno que la clase política usa todos los días: el discurso que asegura que “el Senado de la República trabaja para ti” y que los indios son nuestros iguales y que el gobierno busca la justicia social y que la educación es una prioridad y que la economía está sana y sólida y que vamos ganando la guerra contra el crimen organizado, siendo que nada de esto es así.

Y esas grandes mentiras impiden colocar un espejo frente a los ojos del país y frente a quienes han permitido que sea como es hoy. Un lugar rico con muchos pobres. Un lugar con más multimillonarios que Suiza, según la lista más reciente de la revista Forbes. Donde gran parte de las fortunas han sido acumuladas en sectores con poca o ninguna competencia y protegidos por el gobierno. Donde Televisa regularmente obtiene todo lo que quiere y a precio de ganga. Donde, según un estudio reciente de la ONG Fundar, siete de cada 10 mexicanos padecen un abuso de autoridad cada vez que pisan un Ministerio Público. Donde el 94% de los delitos no son resueltos. Donde el 40% de las mujeres dicen haber padecido la violencia doméstica. Donde no hay siquiera “responsables” de la tragedia de la guardería ABC. Donde 17 millones de personas viven en pobreza extrema. Datos duros de un país donde la vida es difícil para la mayoría de quienes sobreviven en él.

Eso es lo que debería provocar miedo. Eso es lo que debería producir temor. Eso es lo que los mexicanos deberían combatir y cuestionar y odiar y recordarle a Felipe Calderón y a los precandidatos presidenciales, todos los días a toda hora. Hay demasiados mexicanos para los cuales el país no funciona. Hay demasiados mexicanos para quienes más de lo mismo durante el gobierno de Felipe Calderón ha significado peor de lo mismo. Hay demasiados mexicanos que desean una transformación a fondo del país que los ha excluido o maltratado o ignorado. Y también hay demasiados mexicanos que no lo entienden, para los cuales el país no va tan mal. Porque los privilegiados viven muy bien, aunque sea detrás de muros cada vez más elevados, con escoltas cada vez mas armadas, con séquitos de seguridad cada vez más grandes. Aunque sea con miedo.

Y de allí las siguientes preguntas: ¿Qué es y ha sido más peligroso para México, López Obrador o un sistema socioeconómico que concentra la riqueza y no quiere distribuirla de manera más justa? ¿López Obrador o élites políticas, sociales y empresariales satisfechas con las tajadas que se sirven? ¿López Obrador o partidos políticos que no representan a la población ni rinden cuentas ante ella? ¿López Obrador o la corrupción política que corroe la confianza en las instituciones? ¿López Obrador o políticos sentados en largas mesas con manteles de fieltro que llegan a grandes acuerdos para que poco cambie? El odio feroz a AMLO ata a su crítico principal –Felipe Calderón– a un adversario falso. El verdadero peligro para México no es un hombre, sino la resistencia de tantos a compartir el país y gobernarlo mejor. Y el miedo necesario que los mexicanos deberían compartir es la posibilidad de que México siga siendo así.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Nos sorprendió el otoño!


25 Oct 2010

Nogal negro, frente a nuestra casa, hace unos cuantos días.

Ramas pelonas del nogal negro, ayer, cuando llegó el otoño (nótense la cantidad de hojas en el suelo).

Marilú

lunes, 25 de octubre de 2010

Tutor estrella




Les mando la foto del mejor tutor que hemos tenido en el Colegio Central de Wyoming..... y no es exageración de la mamá cuerva. Es que nunca antes habíamos tenido un tutor que pudiera responder problemas en todas las areas... bueno, casi en todas. No creo que lo consultaron mucho los del programa automotriz, de soldadura o de rodeo.
Marilu

domingo, 3 de octubre de 2010

Mentiras y cambio climático

La Jornada, 3 de Octubre de 2010
Antonio Gershenson

Aveces las mentiras se vuelven habituales. Aquí las tenemos como algo cotidiano. El secretario de Hacienda, en la Cámara de Diputados, dice que es un mito el que se subsidien los impuestos de las más grandes empresas. Y al rato aparece un escrito, enviado hace meses por la propia dependencia, en el que señala que por esa misma razón el gobierno pierde 200 mil millones de pesos.

El secretario de Gobernación dice a representantes del SME (transcribimos el título): no se me desesperen, vamos a resolver el conflicto. Y al rato el secretario de Trabajo mueve sus hilos para que se niegue la validez del comité de ese sindicato.

El discurso oficial incluye que el gobierno es el defensor mundial contra los problemas generados por el cambio climático. También se dijo que la energía debe ser usada racionalmente. Claro, en discursos.

Veamos la realidad y lo que se debe hacer.

Abundan cada vez más automóviles y sobre todo camionetas quema gasolina. No hay ninguna regulación. En el pasado tuvimos una experiencia, que incluyó la eliminación de los coches de ocho cilindros. Había que ahorrar gasolina; ahora, en los hechos, no.

Aquí y ahora se eleva el precio del diesel por encima del de la gasolina. Se desalienta el diesel en favor de la gasolina. Siempre fue al revés y en muchos países es más barato el diesel. Se estimula, entonces, al encarecer el diesel, el derroche y la mayor importación de gasolina.

Los motores diesel son más eficientes que los de ignición por chispa, que usan gasolina. Y el costo de producción del diesel es menor que el de la gasolina.

También gastamos menos combustible con vehículos híbridos, que usan en parte un motor eléctrico. Y también aumentamos la eficiencia usando alcohol como antidetonante y para reducir la cantidad de gasolina. Pero el gobierno no estimula ni unos ni éste.

Debe darse preferencia al transporte colectivo sobre el automóvil individual. Y en cuanto a los ferrocarriles, éstos se privatizaron y en los hechos están en mal estado y no hay nuevos. En Europa, la red no sólo de ferrocarriles en general sino también la de los de alta velocidad, no sólo desalojan al automóvil individual sino que, en este último caso, desalojan a los aviones en vuelos de distancias cortas y medianas.

Los tiempos para viajar en avión incluyen el del transporte al aeropuerto, el de la sala de espera, el que dura el vuelo, el de carga y descarga de equipaje, y el que se utiliza del aeropuerto al centro de la segunda ciudad o a la parte de ella a la que vaya el pasajero. Es fácil superar esa suma de tiempos en varias rutas muy transitadas. El tren, de París a Londres, tarda dos horas y media. De París a Bruselas, virtual capital europea, hasta una hora y 15 minutos. Y hay otros casos, un poco más alejados, en los que de todos modos es más atractivo el tren de alta velocidad, que por lo general sale del centro de la ciudad.

En China, los nuevos trenes rápidos desarrollan una velocidad promedio de 350 kilómetros por hora, y hace poco un tren en prueba, en una ruta que en unas semanas ya será comercial, llegó a 416 kilómetros por hora. Uno de estos trenes puede llevar hasta mil pasajeros, y en rutas muy activas sale uno cada 10 minutos. Se han rebasado los 7 mil kilómetros de vías de alta velocidad. Y nada de esto existe ni se desarrolla en México, aunque se ahorraría en el uso de automóviles y aviones.

Deben desarrollarse las fuentes de energía que no usen combustibles fósiles, y no sólo decirlo. Y no se resuelve con empresas privadas y negocios con ellas. Debe hacerlo el sector público, de acuerdo con una planeación y con métodos eficientes; casi no hay generación con viento, y casi no se extiende, más que en escala mínima, la geotermia.

La hidroelectricidad merece un comentario especial. El uso que se le da, otorgando preferencia a la energía producida por empresas privadas con gas natural, hace que las inundaciones empeoren. Ya lo hemos visto. A menudo se provocan directamente las inundaciones. La información más reciente es que de la presa Peñitas del río Grijalva se estaban dejando caer 2 mil 300 metros cúbicos de agua por segundo, más que cuando la inundación de 2007 en Tabasco.

Lo que se debe hacer es generar con estas plantas electricidad, incluso al máximo, para que al empezar o al presentarse las lluvias las presas estén casi vacías. Esto hace que con las lluvias se vayan llenando gradualmente. Pero, es más, debe seguirse generando electricidad al máximo, y entones el nivel de las presas sube más despacio durante la época lluviosa. En vez de inundar, se evitan o alejan las inundaciones.

Y las empresas, sobre todo españolas, no deben tener preferencia sobre las casas que se inundan, sobre las siembras que se inundan, sobre las inundaciones en general. Tampoco sobre la generación con agua por la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Además, a la propia CFE le sale mucho más barato generar electricidad con el agua. No tiene por qué empobrecerse a costa del enriquecimiento de multimillonarios extranjeros.

Además, se requieren obras para evitar las inundaciones. Ya hemos mencionado el caso de un sistema de riego y para evitar inundaciones construido en China hace 2 mil 300 años que sigue funcionando. Pero incluso antes de que estas obras queden listas, la ayuda con el procedimiento de control del agua que señalamos es muy importante.

Como vemos, el México en que vivimos, con el gobierno que tenemos, no es ningún ejemplo contra los efectos del calentamiento global. Debería serlo, y pusimos varios ejemplos al respecto, no como ejemplo mundial, sino por sus propios habitantes.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Altos estudios, filosofía, ciencias

Reforma, 23 Sep. 10
Miguel Ángel Granados Chapa

Las facultades de Filosofía y Letras, y de Ciencias, de la Universidad Nacional, nacieron de la Escuela de Altos Estudios, una creación original de Justo Sierra, singularidad de la institución que cumple 100 años.

La Universidad Nacional inaugurada hace un siglo no solamente integró bajo una sola autoridad a las escuelas que existían desde la colonia o desde la República restaurada. En el centro del proyecto de Justo Sierra se hallaba una innovación pedagógica y política cuyos alcances llegan a nuestros días: la Escuela Nacional de Altos Estudios. En mayor medida aun que la propia institución universitaria, la creación de esa escuela resultó de un proceso de afinación y delimitación de tareas que fueran, a la vez, diversas del trabajo de las escuelas profesionales (ingeniería, jurisprudencia, medicina) y su prolongación.

Como la idea misma de la Universidad, Sierra expuso su plan de altos estudios en 1881 y lo delineó con miras a su concreción en cuanto llegó a la Secretaría de Instrucción Pública. Como lo recordó en un amplio ensayo sobre la materia la maestra Beatriz Ruiz Gaytán, Sierra formó una comisión de intelectuales renombrados para que dieran forma institucional a su proyecto y, después de correcciones emprendidas por sí mismo, lo promovió ante la Cámara de Diputados, de donde surgió la ley de la Escuela Nacional de Altos Estudios, un mes antes de la promulgación de la norma organizadora de la Universidad Nacional.

En el vasto y profundo discurso de apertura de cursos, hace una centena de años, Sierra dedicó especial atención a esa su otra criatura. Al explicar su enlace con el resto del sistema educativo nacional, reorganizado apenas, Sierra definió:

"Sobre estas enseñanzas fundamos la Escuela de Altos Estudios; ahí la selección llega a su término, allí hay una división amplísima de enseñanzas, allí habrá una división cada vez más vasta de elementos de trabajo, allí convocaremos, a compás de nuestras posibilidades, a los príncipes de las ciencias y de las letras humanas: porque deseamos que los que resulten mejor preparados por nuestro régimen de educación nacional puedan escuchar las voces mejor prestigiadas en el mundo sabio, las que vienen de más alto, las que van más lejos: no sólo las que producen efímeras emociones, sino las que inician, las que alientan, las que revelan, las que crean. Éstas se oirán un día en nuestra escuela; ellas difundirán el amor a la ciencia, amor divino, por lo sereno y puro, que funda idealidades, como el amor terrestre funda humanidades. Nuestra ambición sería que en esa escuela, que es el peldaño más alto del edificio universitario, puesto así para descubrir en el saber los horizontes más dilatados, más abiertos, como esos que sólo desde las cimas excelsas del planeta pueden contemplarse; nuestra ambición sería que en esa escuela se enseñe a investigar y a pensar, investigando y pensando, y que la sustancia de la investigación y el pensamiento no se cristalizase en ideas dentro de las almas, sino que esas ideas constituyesen dinamismos permanentemente traducibles en enseñanzas y en acción, que sólo así las ideas pueden llamarse fuerzas. No quisiéramos ver en ella torres de marfil, ni vida contemplativa, ni arrobamientos en busca del mediador plástico; eso puede existir y quizá es bueno que exista en otra parte; no allí, allí no".

La nueva escuela, hermana de la idea universitaria de Sierra, y en cierto modo su primer fruto, cumplió los objetivos de su fundador. La semilla de un pensamiento original, resultado de su vinculación con una realidad cambiante, rudamente sujeta a los vaivenes de la política, empezó pronto a generar rendimientos. La presencia de Antonio Caso y Pedro Henríquez Ureña en el área de humanidades fue la fuente de caudalosas corrientes intelectuales vigentes todavía. Al paso de los años de su seno, y de la mano del matemático Sotero Prieto y el biólogo Isaac Ochoterena, surgieron también los cimientos de la enseñanza y la investigación de las ciencias exactas y naturales.

Justamente el desarrollo de las dos ramas principales de la Escuela de Altos Estudios condujo a su desaparición y a la creación de las facultades de Filosofía y Letras, primero, y de Ciencias, después. El trayecto de esas dos instituciones, de cuya matriz surgieron los institutos de humanidades y de investigación científica, que son piedra angular de la universidad contemporánea, ha sido crecientemente fructuoso, como puede comprobarse de distintas maneras.

Una de ellas, que está a la mano porque ocurre hoy mismo, esta mañana, es el hecho de que al cumplir su primer siglo, la Universidad Nacional otorga el Doctorado Honoris Causa a sobresalientes hijos de esas facultades: Margit Frenk Freund estudió allí letras españolas, lo mismo que Carlos Monsiváis (a quien se otorgará la distinción post mortem); Luis Felipe Rodríguez Jorge cursó sus estudios de física, y Ramón Xirau los de literatura y filosofía.

Sierra dijo hace 100 años al presidente Díaz que "el gobierno de la ciencia en acción debe pertenecer a la ciencia misma". Un siglo después, esa noción de autonomía parece haber avanzado hacia la independencia financiera, la que evite la negociación anual en pos de los recursos públicos imprescindibles para su tarea. Senadores y diputados se dijeron conscientes de esta necesidad. Está en sus manos traducir las palabras retóricas a textos legales que otorguen permanente fortaleza económica a la Universidad. En el Congreso, donde ayer se rindió tributo a la Universidad centenaria, suele hablarse mucho y concretarse poco. Que ése no sea el caso ahora lo merece la institución de la que tantas loas se dijeron ayer. Sería un magnífico regalo por su centésimo cumpleaños.