Fecha: Sat, 25 Dec 2010 18:56:52 -0800 (PST)

mando esta foto vieja. Me la encontré por ahi. Gabi le está haciendo la maldad a Adrián. Vean la cara de malosa que tiene.
Propuesta de Schweickart en la Semana de la Ciencia y la Innovación
DS pasa a analizar la causa real, profunda, de la crisis
. Para ello introduce una gráfica estilizada que he reproducido aquí. Después de la Segunda Guerra Mundial y durante treinta años (la edad de oro del capitalismo) la productividad del trabajo en Estados Unidos creció sostenidamente y los salarios reales subieron a un ritmo similar; después de 1975, sin embargo, los salarios reales dejaron de crecer a pesar de que la productividad del trabajo siguió creciendo rápidamente, con lo cual la brecha entre lo que produce cada trabajador y lo que se le paga (la plusvalía, diría Marx) se amplió más y más. Esta brecha, añade, haría pensar que el capitalismo entró en una crisis permanente de sobreproducción, al haber demasiada producción con relación al poder de compra. Pero el capitalismo, añade, logró que la gente, a pesar de los estancados salarios reales, siguiera comprando más y más mediante el endeudamiento. Dice nuestro autor: “La clase capitalista, en lugar de aumentar los salarios de los trabajadores para que pudieran comprar los bienes producidos, les prestaban dinero”. Pero este juego, añade, tenía que llegar a un fin: los sobrendeudados consumidores empezaron a dejar de pagar sus deudas. Y estalló la crisis.
Señala que contra la crisis se están intentando soluciones keynesianas, pero la experiencia de la gran depresión de los años 30 mostró que no son suficientes, pues a pesar del Nuevo Trato de Roosevelt Estados Unidos sólo salió de la gran depresión con la movilización para la guerra. Pero ahora, dice, no va haber una tercera guerra mundial y el aumento posible en el gasto militar es muy limitado. Se podría añadir que el estancamiento de Japón en los años 90, apunta a la ineficacia de los instrumentos de política disponibles para sacar a las economías de la crisis. Al introducir la crisis ecológica que se asocia al crecimiento galopante, el argumento de quienes proponen recuperar el crecimiento capitalista se ve, obligadamente, matizado con la idea de que ahora éste se basaría en tecnologías verdes. En opinión de DS, éste es un cuento de hadas, pues:
Requerimos cambiar nuestra economía para que su salud no dependa del siempre creciente consumo de las naciones ricas, consumo que, de cualquier modo, no hace felices a quienes vivimos en dichas naciones. Así que estamos arrinconados. Los preocupados por el creciente desempleo presionan para gastar, gastar, gastar, mientras los ecologistas denuncian que nuestra adicción al consumo está matando al planeta. Ambos tienen razón.
Por tanto, puesto que uno de los rasgos esenciales del capitalismo es que sólo puede funcionar bien con crecimiento galopante, no queda más que preguntarse si otro mundo es posible, lo cual aborda DS con gran conocimiento de causa, pues ha dedicado casi toda su vida profesional a pensar en la sociedad después del capitalismo, particularmente en sus libros Against capitalism (1993) y After capitalism (2002). Su propuesta se centra en lo que llama democracia económica y sostiene que ésta está en el horizonte. La democracia económica sería una formación social que estaría más allá del capitalismo, sería mucho más democrática que la actual y podría funcionar bien con o sin crecimiento de la producción. DS parte de lo que sabemos a la luz de los experimentos económicos del último siglo
: a) Sabemos que los mercados competitivos son esenciales para el buen funcionamiento de una economía desarrollada y compleja; ésta es la lección negativa de los experimentos socialistas del siglo XX los cuales mostraron que la planificación no puede reemplazar totalmente a los mercados. b) Sabemos que se requiere algún tipo de regulación de los flujos de inversión para el desarrollo racional, estable y sustentable; ésta es la lección negativa de los experimentos neoliberales de los últimos treinta años. c) Sabemos que las empresas pueden ser manejadas democráticamente con pérdidas de eficiencia muy pequeñas o nulas y, en algunos casos, con aumentos de ella y casi siempre con considerable ganancia en la seguridad del empleo. Ésta es una lección positiva de muchos experimentos recientes en formas alternativas de organización del lugar de trabajo. Hay miles de empresas exitosas administradas por trabajadores en todo el mundo que han sido estudiadas y, hasta donde estoy enterado, dice DS, no existe ningún estudio que muestre que el modelo autoritario (capitalista) es superior al democrático.
Con estas premisas, el modelo que propone DS tiene tres componentes: a) Mercados de bienes y servicios, esencialmente iguales a los del capitalismo, pero que no incluyen mercados de trabajo ni de capital, y que están regulados para proteger la salud y la seguridad de consumidores y productores. b) Democracia en el lugar de trabajo, que remplaza la institución del trabajo asalariado; las empresas se conciben como comunidades; no como mercancías. El consejo de los trabajadores, órgano electo por los trabajadores (cada persona un voto), nombra a la gerencia a la que se otorga un importante grado de autonomía, con la obligación de rendir cuentas, los trabajadores no reciben un salario sino participan en las ganancias de la empresa. c) Control democrático de la inversión, que remplaza a los mercados financieros. Los fondos de inversión provienen de los impuestos a los acervos de capital de las empresas, que se reinvierten a través de bancos públicos. La planificación inteligente de la inversión, señala, es posible. A estos tres puntos esenciales, DS añade otros dos: uno para asegurar el pleno empleo, actuando el gobierno como empleador de última instancia, y otro para dejar un espacio en el que prospere la capacidad emprendedora. Muy interesante propuesta que tiene sentido como un todo. Tiene muchos puntos polémicos, pero los interesados en el futuro de la humanidad debemos tratarla con toda seriedad, junto con otras visiones de futuros socialistas. DS concluye diciendo con Friedman: “Tenemos que desarrollar alternativas, mantenerlas vivas y disponibles hasta que lo políticamente imposible se convierta en lo políticamente inevitable”.

El secretario de Gobernación dice a representantes del SME (transcribimos el título): no se me desesperen
, vamos a resolver el conflicto. Y al rato el secretario de Trabajo mueve sus hilos para que se niegue la validez del comité de ese sindicato.
El discurso oficial incluye que el gobierno es el defensor mundial contra los problemas generados por el cambio climático. También se dijo que la energía debe ser usada racionalmente. Claro, en discursos.
Veamos la realidad y lo que se debe hacer.
Abundan cada vez más automóviles y sobre todo camionetas quema gasolina
. No hay ninguna regulación. En el pasado tuvimos una experiencia, que incluyó la eliminación de los coches de ocho cilindros. Había que ahorrar gasolina; ahora, en los hechos, no.
Aquí y ahora se eleva el precio del diesel por encima del de la gasolina. Se desalienta el diesel en favor de la gasolina. Siempre fue al revés y en muchos países es más barato el diesel. Se estimula, entonces, al encarecer el diesel, el derroche y la mayor importación de gasolina.
Los motores diesel son más eficientes que los de ignición por chispa, que usan gasolina. Y el costo de producción del diesel es menor que el de la gasolina.
También gastamos menos combustible con vehículos híbridos, que usan en parte un motor eléctrico. Y también aumentamos la eficiencia usando alcohol como antidetonante y para reducir la cantidad de gasolina. Pero el gobierno no estimula ni unos ni éste.
Debe darse preferencia al transporte colectivo sobre el automóvil individual. Y en cuanto a los ferrocarriles, éstos se privatizaron y en los hechos están en mal estado y no hay nuevos. En Europa, la red no sólo de ferrocarriles en general sino también la de los de alta velocidad, no sólo desalojan al automóvil individual sino que, en este último caso, desalojan a los aviones en vuelos de distancias cortas y medianas.
Los tiempos para viajar en avión incluyen el del transporte al aeropuerto, el de la sala de espera, el que dura el vuelo, el de carga y descarga de equipaje, y el que se utiliza del aeropuerto al centro de la segunda ciudad o a la parte de ella a la que vaya el pasajero. Es fácil superar esa suma de tiempos en varias rutas muy transitadas. El tren, de París a Londres, tarda dos horas y media. De París a Bruselas, virtual capital europea, hasta una hora y 15 minutos. Y hay otros casos, un poco más alejados, en los que de todos modos es más atractivo el tren de alta velocidad, que por lo general sale del centro de la ciudad.
En China, los nuevos trenes rápidos desarrollan una velocidad promedio de 350 kilómetros por hora, y hace poco un tren en prueba, en una ruta que en unas semanas ya será comercial, llegó a 416 kilómetros por hora. Uno de estos trenes puede llevar hasta mil pasajeros, y en rutas muy activas sale uno cada 10 minutos. Se han rebasado los 7 mil kilómetros de vías de alta velocidad. Y nada de esto existe ni se desarrolla en México, aunque se ahorraría en el uso de automóviles y aviones.
Deben desarrollarse las fuentes de energía que no usen combustibles fósiles, y no sólo decirlo. Y no se resuelve con empresas privadas y negocios con ellas. Debe hacerlo el sector público, de acuerdo con una planeación y con métodos eficientes; casi no hay generación con viento, y casi no se extiende, más que en escala mínima, la geotermia.
La hidroelectricidad merece un comentario especial. El uso que se le da, otorgando preferencia a la energía producida por empresas privadas con gas natural, hace que las inundaciones empeoren. Ya lo hemos visto. A menudo se provocan directamente las inundaciones. La información más reciente es que de la presa Peñitas del río Grijalva se estaban dejando caer 2 mil 300 metros cúbicos de agua por segundo, más que cuando la inundación de 2007 en Tabasco.
Lo que se debe hacer es generar con estas plantas electricidad, incluso al máximo, para que al empezar o al presentarse las lluvias las presas estén casi vacías. Esto hace que con las lluvias se vayan llenando gradualmente. Pero, es más, debe seguirse generando electricidad al máximo, y entones el nivel de las presas sube más despacio durante la época lluviosa. En vez de inundar, se evitan o alejan las inundaciones.
Y las empresas, sobre todo españolas, no deben tener preferencia sobre las casas que se inundan, sobre las siembras que se inundan, sobre las inundaciones en general. Tampoco sobre la generación con agua por la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Además, a la propia CFE le sale mucho más barato generar electricidad con el agua. No tiene por qué empobrecerse a costa del enriquecimiento de multimillonarios extranjeros.
Además, se requieren obras para evitar las inundaciones. Ya hemos mencionado el caso de un sistema de riego y para evitar inundaciones construido en China hace 2 mil 300 años que sigue funcionando. Pero incluso antes de que estas obras queden listas, la ayuda con el procedimiento de control del agua que señalamos es muy importante.
Como vemos, el México en que vivimos, con el gobierno que tenemos, no es ningún ejemplo contra los efectos del calentamiento global. Debería serlo, y pusimos varios ejemplos al respecto, no como ejemplo mundial, sino por sus propios habitantes.