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sábado, 27 de noviembre de 2010

Socialismo centrado en la democracia económica

La Jornada Julio Boltvinik: Economía Moral

Propuesta de Schweickart en la Semana de la Ciencia y la Innovación

Como parte de la Semana de la Ciencia y la Innovación que el gobierno del DF realizó esta semana en el Palacio de Minería, se incluyeron dos mesas redondas con temas centrales de las ciencias sociales. En la segunda de ellas, David Schweickart (DS), profesor de la Universidad Loyola de Chicago, presentó una ponencia sin desperdicio en la cual relacionó la crisis con la transformación del capitalismo en la democracia económica que, argumenta, citando a Milton Friedman, ha pasado de “ser políticamente imposible a ser políticamente inevitable”. Friedman se refería a otra: al cambio ocurrido entre 1962, cuando sus ideas como uno de los dos padres fundadores del neoliberalismo eran políticamente imposibles, a 1982, cuando se volvieron políticamente inevitables. Dice DS que el cambio ocurrió cuando el keynesianismo fue incapaz de resolver el problema de la estanflación (estancamiento y creciente desempleo con inflación), porque para atacar el desempleo se requiere más gasto público, pero para atacar la inflación se requiere menos.

Foto

DS pasa a analizar la causa real, profunda, de la crisis. Para ello introduce una gráfica estilizada que he reproducido aquí. Después de la Segunda Guerra Mundial y durante treinta años (la edad de oro del capitalismo) la productividad del trabajo en Estados Unidos creció sostenidamente y los salarios reales subieron a un ritmo similar; después de 1975, sin embargo, los salarios reales dejaron de crecer a pesar de que la productividad del trabajo siguió creciendo rápidamente, con lo cual la brecha entre lo que produce cada trabajador y lo que se le paga (la plusvalía, diría Marx) se amplió más y más. Esta brecha, añade, haría pensar que el capitalismo entró en una crisis permanente de sobreproducción, al haber demasiada producción con relación al poder de compra. Pero el capitalismo, añade, logró que la gente, a pesar de los estancados salarios reales, siguiera comprando más y más mediante el endeudamiento. Dice nuestro autor: “La clase capitalista, en lugar de aumentar los salarios de los trabajadores para que pudieran comprar los bienes producidos, les prestaban dinero”. Pero este juego, añade, tenía que llegar a un fin: los sobrendeudados consumidores empezaron a dejar de pagar sus deudas. Y estalló la crisis.

Señala que contra la crisis se están intentando soluciones keynesianas, pero la experiencia de la gran depresión de los años 30 mostró que no son suficientes, pues a pesar del Nuevo Trato de Roosevelt Estados Unidos sólo salió de la gran depresión con la movilización para la guerra. Pero ahora, dice, no va haber una tercera guerra mundial y el aumento posible en el gasto militar es muy limitado. Se podría añadir que el estancamiento de Japón en los años 90, apunta a la ineficacia de los instrumentos de política disponibles para sacar a las economías de la crisis. Al introducir la crisis ecológica que se asocia al crecimiento galopante, el argumento de quienes proponen recuperar el crecimiento capitalista se ve, obligadamente, matizado con la idea de que ahora éste se basaría en tecnologías verdes. En opinión de DS, éste es un cuento de hadas, pues:

Requerimos cambiar nuestra economía para que su salud no dependa del siempre creciente consumo de las naciones ricas, consumo que, de cualquier modo, no hace felices a quienes vivimos en dichas naciones. Así que estamos arrinconados. Los preocupados por el creciente desempleo presionan para gastar, gastar, gastar, mientras los ecologistas denuncian que nuestra adicción al consumo está matando al planeta. Ambos tienen razón.

Por tanto, puesto que uno de los rasgos esenciales del capitalismo es que sólo puede funcionar bien con crecimiento galopante, no queda más que preguntarse si otro mundo es posible, lo cual aborda DS con gran conocimiento de causa, pues ha dedicado casi toda su vida profesional a pensar en la sociedad después del capitalismo, particularmente en sus libros Against capitalism (1993) y After capitalism (2002). Su propuesta se centra en lo que llama democracia económica y sostiene que ésta está en el horizonte. La democracia económica sería una formación social que estaría más allá del capitalismo, sería mucho más democrática que la actual y podría funcionar bien con o sin crecimiento de la producción. DS parte de lo que sabemos a la luz de los experimentos económicos del último siglo: a) Sabemos que los mercados competitivos son esenciales para el buen funcionamiento de una economía desarrollada y compleja; ésta es la lección negativa de los experimentos socialistas del siglo XX los cuales mostraron que la planificación no puede reemplazar totalmente a los mercados. b) Sabemos que se requiere algún tipo de regulación de los flujos de inversión para el desarrollo racional, estable y sustentable; ésta es la lección negativa de los experimentos neoliberales de los últimos treinta años. c) Sabemos que las empresas pueden ser manejadas democráticamente con pérdidas de eficiencia muy pequeñas o nulas y, en algunos casos, con aumentos de ella y casi siempre con considerable ganancia en la seguridad del empleo. Ésta es una lección positiva de muchos experimentos recientes en formas alternativas de organización del lugar de trabajo. Hay miles de empresas exitosas administradas por trabajadores en todo el mundo que han sido estudiadas y, hasta donde estoy enterado, dice DS, no existe ningún estudio que muestre que el modelo autoritario (capitalista) es superior al democrático.

Con estas premisas, el modelo que propone DS tiene tres componentes: a) Mercados de bienes y servicios, esencialmente iguales a los del capitalismo, pero que no incluyen mercados de trabajo ni de capital, y que están regulados para proteger la salud y la seguridad de consumidores y productores. b) Democracia en el lugar de trabajo, que remplaza la institución del trabajo asalariado; las empresas se conciben como comunidades; no como mercancías. El consejo de los trabajadores, órgano electo por los trabajadores (cada persona un voto), nombra a la gerencia a la que se otorga un importante grado de autonomía, con la obligación de rendir cuentas, los trabajadores no reciben un salario sino participan en las ganancias de la empresa. c) Control democrático de la inversión, que remplaza a los mercados financieros. Los fondos de inversión provienen de los impuestos a los acervos de capital de las empresas, que se reinvierten a través de bancos públicos. La planificación inteligente de la inversión, señala, es posible. A estos tres puntos esenciales, DS añade otros dos: uno para asegurar el pleno empleo, actuando el gobierno como empleador de última instancia, y otro para dejar un espacio en el que prospere la capacidad emprendedora. Muy interesante propuesta que tiene sentido como un todo. Tiene muchos puntos polémicos, pero los interesados en el futuro de la humanidad debemos tratarla con toda seriedad, junto con otras visiones de futuros socialistas. DS concluye diciendo con Friedman: “Tenemos que desarrollar alternativas, mantenerlas vivas y disponibles hasta que lo políticamente imposible se convierta en lo políticamente inevitable”.

viernes, 17 de abril de 2009

El socialismo fracasó; ahora, el capitalismo está en quiebra ¿Qué viene a continuación?

14-04-2009 Eric Hobsbawm The Guardian / rebelión
Traducido del inglés por S. Seguí

Sea cual sea el logotipo ideológico que adoptemos, el desplazamiento del mercado libre a la acción pública debe ser mayor de lo que los políticos imaginan.
El siglo XX ha quedado ya atrás, pero aún no hemos aprendido a vivir en el XXI, o al menos a pensarlo de un modo apropiado. No debería ser tan difícil como parece, dado que la idea básica que dominó la economía y la política en el siglo pasado ha desaparecido, claramente, por el sumidero de la historia.
Lo que teníamos era un modo de pensar las modernas economías industriales –en realidad todas las economías–, en términos de dos opuestos mútuamente excluyentes: capitalismo o socialismo.
Hemos vivido dos intentos prácticos de realizar ambos sistemas en su forma pura: por una parte, las economías de planificación estatal, centralizadas, de tipo soviético; por otra, la economía capitalista de libre mercado exenta de toda restricción y control.
Las primeras se vinieron abajo en la década de los 80, y con ellas los sistemas políticos comunistas europeos; la segunda se está descomponiendo ante nuestros ojos en la mayor crisis del capitalismo global desde la década de 1930.
En algunos aspectos es una crisis de mayor envergadura que aquélla, en la medida en que la globalización de la economía no estaba entonces tan desarrollada como hoy y la crisis no afectó a la economía planificada de la Unión Soviética. Todavía no conocemos la gravedad y la duración de la actual crisis, pero sin duda va a marcar el final de la clase de capitalismo de libre mercado que se impuso en el mundo y sus gobiernos en una época que dio inicio con Margaret Thatcher y Ronald Reagan.
La impotencia, por consiguiente, amenaza tanto a los que creen en un capitalismo de mercado, puro y desestatalizado, una especie de anarquismo burgués; como a los que creen en un socialismo planificado incontaminado por la búsqueda de beneficios. Ambos están en quiebra. El futuro, como el presente y el pasado, pertenece a las economías mixtas en las que lo público y lo privado estén mútuamente vinculados de una u otra manera. ¿Pero cómo?
Este es el problema que se nos plantea hoy día a todos, y en particular a la gente de izquierda.
Nadie piensa seriamente en regresar a los sistemas socialistas de tipo soviético, no sólo por sus deficiencias políticas sino también por la creciente indolencia e ineficiencia de sus economías, aunque ello no debería llevarnos a subestimar sus impresionantes logros sociales y educativos. Por otra parte, hasta que el mercado libre global implosionó el año pasado, incluso los partidos socialdemócratas y moderados de izquierda de los países del capitalismo del Norte y Australasia se habían comprometido más y más con el éxito del capitalismo de libre mercado. Efectivamente, desde el momento de la caída de la URSS hasta hoy no recuerdo ningún partido o líder que denunciase el capitalismo como algo inaceptable. Y ninguno estuvo tan ligado a su suerte como el New Labour, el nuevo laborismo británico. En sus políticas económicas, tanto Tony Blair como Gordon Brown (éste hasta octubre de 2008) podían calificarse sin ninguna exageración como Thatchers con pantalones. Y otro tanto cabe decir del Partido Demócrata de Estados Unidos.
La idea básica del nuevo Labour, desde 1950, era que el socialismo era innecesario, y que se podía confiar en el sistema capitalista para hacer florecer y generar más riqueza que ningún otro sistema. Todo lo que los socialistas tenían que hacer era garantizar una distribución equitativa. Pero, desde 1970, el acelerado crecimiento de la globalización dificultó y socavó fatalmente la base tradicional del Partido Laborista británico, y en realidad las políticas de ayudas y apoyos de cualquier partido socialdemócrata. Muchas personas, en la década de 1980, consideraron que si el buque del laborismo pretendía no irse a pique, lo que era una posibilidad real, tenía que ser objeto de una puesta al día.
Pero no lo fue. Bajo el impacto de lo que consideró como la revitalización económica thatcherista, el New Labour, a partir de 1997, se tragó entera la ideología, o más bien la teología, del fundamentalismo del mercado libre global. El Reino Unido desregularizó sus mercados, vendió sus industrias al mejor postor, dejó de fabricar objetos para la exportación (a diferencia de Alemania, Francia y Suiza) y apostó todo su dinero a su conversión en el centro mundial de los servicios financieros, y con ello en un paraíso de blanqueadores de dinero multimillonarios. Así, el impacto actual de la crisis mundial sobre la libra y la economía británica va a ser probablemente más catastrófico que el de ninguna otra gran economía occidental y va a hacer la recuperación más difícil.
Es posible afirmar que todo esto es ya agua pasada. Que somos libres de regresar a la economía mixta, y que la vieja caja de herramientas laborista está ahí a nuestra disposición -incluso la nacionalización-, así que todo lo que tenemos que hacer es utilizar de nuevo estas herramientas que el New Labour nunca debió dejar de usar. Sin embargo, esta idea sugiere que sabemos qué hacer con las herramientas. Pero no es así. Por una parte, no sabemos cómo superar la actual crisis. No hay nadie, ni los gobiernos, ni los bancos centrales, ni las instituciones financieras mundiales, que lo sepa: todos ellos son como un ciego que intentara salir del laberinto dando golpes en las paredes con todo tipo de bastones en la esperanza de dar con el camino de salida.
Por otra parte, subestimamos el persistente grado de adición de los gobiernos y los responsables de las políticas a los exabruptos del libre mercado, que tanto placer les han proporcionado durante décadas. ¿Acaso se han librado del supuesto básico de que la empresa privada orientada al beneficio es siempre el medio mejor y más eficaz de hacer las cosas? ¿O de que la organización y la contabilidad empresariales deberían ser los modelos incluso de la función pública, la educación y la investigación? ¿O de que el creciente abismo entre los multimillonarios y el resto no es tan importante, después de todo, siempre y cuando todos los demás –excepto una minoría de pobres– esté un poquito mejor? ¿O de que lo que necesita un país, en cualquier caso, es un máximo de crecimiento económico y de competitividad comercial? No creo que hayan superado todo esto.
Sin embargo, una política progresista requiere algo más que una ruptura algo mayor con los supuestos económicos y morales de los últimos 30 años. Requiere un regreso a la convicción de que el crecimiento económico y la abundancia que comporta son un medio, no un fin. El fin son los efectos que tiene sobre las vidas, las posibilidades vitales y las expectativas de las personas.
Tomemos el caso de Londres. Es evidente que a todos nos importa que la economía de Londres florezca. Pero la prueba de fuego de la enorme riqueza generada en algunas partes de la capital no es que haya contribuido al 20 ó 30% del PIB británico, sino cómo ello ha afectado a las vidas de los millones de personas que viven y trabajan allí. ¿A qué clase de vida tienen derecho? ¿Pueden permitirse vivir allí? Si no pueden, no es ninguna compensación que Londres sea un paraíso de los muy ricos. ¿Pueden conseguir empleos decentemente pagados, o en realidad cualquier tipo de empleo? Si no pueden, de qué sirve todo este jactarse de tener restaurantes de tres estrellas Michelin, con unos chefs convertidos ellos mismos en estrellas. ¿Pueden llevar a sus hijos a la escuela? La falta de escuelas adecuadas no se compensa con el hecho de que las universidades de Londres puedan montar un equipo de fútbol con su profesorado de ganadores de premios Nobel?
La prueba de una política progresista no es privada sino pública, no sólo importa el aumento del ingreso y del consumo de los particulares sino la ampliación de las oportunidades y, como las llama Amartya Sen, las capabilities –capacidades– de todos por medio de la acción colectiva. Pero esto significa –o debería significar– iniciativa pública no basada en la búsqueda de beneficio, siquiera fuera para redistribuir la acumulación privada. Decisiones públicas dirigidas a conseguir mejoras sociales colectivas con las que todos saldrían ganando. Esta es la base de una política progresista, no la maximización del crecimiento económico y el ingreso personal. En ningún ámbito será esto más importante que en la lucha contra el mayor problema a que nos enfrentamos en el presente siglo: la crisis del medio ambiente. Sea cual sea el logotipo ideológico que adoptemos, significará un desplazamiento de gran alcance, del mercado libre a la acción pública, un cambio mayor que propuesto por el gobierno británico.
Y, teniendo en cuenta la gravedad de la crisis económica, debería ser un desplazamiento rápido. El tiempo no está de nuestro lado.

Eric Hobsbawm (1917), historiador y académico británico. Es presidente del Birbeck College de la Universidad de Londres, y autor de numerosas obras de historia contemporánea, la primera de las cuales fue Primitive Rebels: studies in archaic forms of social movement in the 19th and 20th centuries (1962). Y, entre otras,The Age of Revolution: Europe 1789-1848, The Age of Capital: 1848-1875, The age of extremes 1914-1991,etc. de las que hay traducción al catalán y al castellano. Su publicación más reciente es On Empire: America, War, and Global Supremacy (2008).S. Seguí pertenece a los colectivos de Tlaxcala, Rebelión y Cubadebate. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar el nombre del autor y el del traductor, y la fuente.

http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2009/apr/10/financial-crisis-capitalism-socialism-alternative

lunes, 16 de marzo de 2009

Gracias al PRI

Por DENISE DRESSER / Proceso 1687, 1 de marzo de 2009

Cada vez que Beatriz Paredes abre la boca es para vanagloriarse de lo que el PRI ha hecho por México. Gracias al PRI hay estabilidad política, dice. Gracias al PRI no hay polarización, insiste. Gracias al PRI el país no se ha hundido aún más ante el fracaso de los panistas, repite. La lideresa recorre la República buscando palmadas en la espalda mientras pide regresar al poder a un partido responsable de sus peores vicios. La priista denuncia la ineficacia y la inexperiencia de diversos funcionarios panistas incapaces de limpiar el tiradero que su partido dejó tras de sí. Hay mucho de paradójico en su proceder porque existe otra lista de cosas vinculadas con el PRI que valdría la pena recordar.

Pueden leer el artículo completo, haciendo click aqui o visitando el sitio http://www.proceso.com.mx/opinion_articulo.php?articulo=66778

Izquierda salvadoreña proclama victoria

BBC Mundo, Lunes, 16 de marzo de 2009 - 03:26 GMT

por Eric Lemus

San Salvador
Con más del 90% de los votos escrutados, el candidato del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), Mauricio Funes, se proclamó presidente electo de El Salvador tras los comicios del domingo. "Me convierto sin lugar a dudas, con los datos escrutados hasta el momento, y dados a conocer por el Tribunal Supremo Elecotoral (TSE), como el presidente electo de El Salvador", señaló Funes mientras se escuchaban los gritos de alegría de sus partidarios. La formula presidencial y mi partido, el FMLN, le han demostrado al mundo entero que El Salvador está preparado para la alternancia gubernamental

"Esta es la noche más feliz de mi vida, y quiero que sea también la noche de la más grande esperanza en El Salvador", dijo Funes en su discurso de victoria ante los gritos de alegría de sus seguidores.

Según el último informe preliminar del Tribunal Supremo Electoral (TSE), el candidato izquierdista obtuvo 1.231.755 votos, (51,27%), mientras que su contendiente, Rodrigo Ávila, de Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), logró 1.170.780 votos (48,73%). Funes resaltó el carácter histórico de su victoria, como representante de una organización ex guerrillera que se convirtió en partido político tras la firma de los Acuerdos de Paz, en 1992, que puso fin a 12 años de guerra civil. "Por primera vez llegan a la presidencia y vicepresidencia los candidatos postulados por un partido de izquierda (...) Con ese fundamento también le daremos un sentido nuevo a la gestión presidencial", agregó.

miércoles, 21 de enero de 2009

El camino escabroso hacia la recuperación

by Joseph E. Stiglitz / Project Syndicate

NUEVA YORK – Hoy existe un consenso de que la recesión de Estados Unidos -que ya lleva un año- probablemente sea extensa y profunda, y que casi todos los países se verán afectados. Siempre pensé que la noción de que lo que sucediera en Estados Unidos estaría desacoplado del resto del mundo era un mito. Los acontecimientos lo están confirmando.

Afortunadamente, Estados Unidos por fin tiene un presidente que de alguna manera entiende la naturaleza y la gravedad del problema, y que se comprometió a implementar un fuerte programa de estímulo. Esto, junto con la acción concertada de los gobiernos en otras partes, hará que la depresión sea menos severa de lo que sería si no fuera así.

La Reserva Federal de Estados Unidos, que ayudó a crear los problemas mediante una combinación de liquidez excesiva y regulación laxa, intenta enmendar las cosas inundando la economía de liquidez -una medida que, en el mejor de los casos, simplemente impidió que las cosas fueran peor de lo que son-.

No sorprende que quienes ayudaron a crear los problemas y no vieron venir el desastre no hicieran un buen trabajo a la hora de resolverlo. Por ahora, ya está establecida la dinámica de la caída y las cosas se pondrán peor, no mejor. De alguna manera, la Fed se parece a un conductor ebrio que, al darse cuenta de repente de que se está saliendo del camino, empieza a conducir alocadamente de un lado a otro de la ruta.

La respuesta a la falta de liquidez es cada vez más liquidez. Cuando la economía empiece a recuperarse, y los bancos comiencen a prestar, ¿podrán drenar suavemente la liquidez del sistema? ¿Estados Unidos enfrentará un brote de inflación? ¿O, más probablemente, en otro momento de exceso, la Fed reaccionará exageradamente, cortando la recuperación de raíz? En vistas del trazo confuso exhibido hasta ahora, no podemos tener mucha confianza en lo que nos aguarda.

Aún así, no estoy seguro de que haya un reconocimiento suficiente de algunos de los problemas subyacentes que enfrenta la economía global, sin el cual la recesión global actual quizá no dé lugar a un crecimiento robusto -no importa el buen trabajo que realice la Fed.

Durante mucho tiempo, Estados Unidos desempeñó un papel importante a la hora de mantener en funcionamiento la economía global. El libertinaje de Estados Unidos -el hecho de que el país más rico del mundo no pudiera vivir con sus propios medios- fue muchas veces criticado. Pero tal vez el mundo debería estar agradecido, porque sin el libertinaje norteamericano, la demanda agregada global habría sido insuficiente.

En el pasado, los países en desarrollo cumplían este papel, a través de un déficit comercial y fiscal. Pero pagaron un precio alto, y ahora están de moda la responsabilidad fiscal y las políticas monetarias conservadoras. De hecho, muchos países en desarrollo, temerosos de perder su soberanía económica en manos del FMI -como ocurrió durante la crisis financiera asiática de 1997-, acumularon cientos de miles de millones de dólares en reservas. El dinero que se dedica a reservas es ingreso que no se gasta. Es más, la creciente desigualdad en la mayoría de los países del mundo implicó que el dinero pasó de quienes estaban dispuestos a gastarlo a quienes están tan bien que, por más que lo intenten, no pueden gastarlo todo.

El apetito interminable de petróleo del mundo, más allá de su capacidad o voluntad para producirlo, aportó un tercer factor. Los crecientes precios del petróleo transfirieron dinero a los países ricos en petróleo, contribuyendo nuevamente a la inundación de liquidez. Si bien por ahora se desinflaron los precios del petróleo, una recuperación robusta haría que se dispararan otra vez.

Durante un tiempo, la gente hablaba casi favorablemente de la inundación de liquidez. Pero esto sólo fue la otra cara de lo que había preocupado a Keynes -una insuficiente demanda agregada global-. La búsqueda de retornos contribuyó al apalancamiento y a la aceptación imprudente de riesgos subyacentes a esta crisis.

El gobierno de Estados Unidos, durante un tiempo, compensará el ahorro creciente de los consumidores norteamericanos. Pero si los consumidores de Estados Unidos pasan de un nivel prácticamente cero de ahorro como tenían a un modesto 4% o 5% del PBI, entonces el efecto desalentador sobre la demanda (además del que resulte de las caídas en la inversión, las exportaciones y los gastos de los gobiernos estatales y locales) no se verá plenamente compensado ni siquiera por los programas más grandes de gasto del gobierno. En dos años, los gobiernos, conscientes de los gigantescos aumentos de la carga de la deuda como resultado de los megarrescates y los asombrosos déficits, se verán presionados a arrojar excedentes primarios (donde el gasto del gobierno neto de pagos de intereses es menor que los ingresos).

Hace pocos años, se le tenía miedo al riesgo de un desdoblamiento desordenado de los "desequilibrios globales". La crisis actual puede ser vista como parte de eso, pero es poco lo que se está haciendo respecto de los problemas subyacentes que dieron origen a esos desequilibrios. No sólo necesitamos estímulos temporarios, sino soluciones a más largo plazo. No es que exista una escasez de necesidades; es sólo que quienes podrían satisfacer esas necesidades tienen una escasez de fondos.

Primero, necesitamos revertir las tendencias preocupantes de una creciente desigualdad. Una carga tributaria más progresiva sobre los ingresos también ayudará a estabilizar la economía a través de lo que los economistas llaman "estabilizadores automáticos". También ayudaría si los países desarrollados avanzados cumplieran con sus compromisos de ayudar a los más pobres del mundo aumentando sus presupuestos de ayuda exterior al 0,7% del PBI.

Segundo, el mundo necesita enormes inversiones si ha de responder a los desafíos del calentamiento global. Los sistemas de transporte y los patrones de vida deben cambiarse drásticamente.

Tercero, se necesita un sistema de reservas global. Tiene poco sentido que los países más pobres del mundo les presten dinero a los más ricos a tasas de interés bajas. El sistema es inestable. El sistema de reservas en dólares está deshilachándose, pero probablemente sea reemplazado por un sistema dólar/euro o dólar/euro/yen que es incluso más inestable. Las emisiones anuales de una moneda de reserva global (lo que Keynes llamaba Bancor o el FMI llama DEG) podrían ayudar a estimular la demanda agregada global, y utilizarse para promover el desarrollo y encarar los problemas del calentamiento global.

Este año será lúgubre. El interrogante que necesitamos formularnos ahora es: ¿cómo podemos mejorar las posibilidades de que finalmente logremos una recuperación robusta?

domingo, 14 de diciembre de 2008

ALBA: descubrimiento moral, recuperación práctica

13-12-2008 Toni Solo CEPRID

El aporte profundamente revolucionario que la Alternativa Bolivariana para las Américas ha contribuido al progreso de la humanidad, es de haber insistido de una manera categórica y práctica sobre la dimensión moral de la política económica.
Ningún esquema capitalista habría podido desarrollar una insistencia en créditos accesibles, o en programas de salud y educación como Misión Milagro y Yo Sí Puedo, o en complementar políticas de seguridad energética y energía sostenible con una garantía de seguridad alimentaria.
Si las y los estrategas del ALBA lo han hecho es porque han descartado el modelo anti-humanitario capitalista para recuperar de nuevo las bases políticas y morales del humanismo.
Y si una cosa queda claro de la respuesta de los países ricos la crisis económico que sus mismos gobiernos y élites engendraron, es que su respuesta prioriza las élites por encima de sus pueblos. Tiene que ser así. El capitalismo concentra el poder y control de recursos en las manos de unas pocas corporaciones y la élite que las controla. Los planes de rescate en Estados Unidos y en Europa protegen primero y masivamente a los grandes bancos y solo después, como un addendum, dirigen su atención a la economía real, a los trabajadores, a las familias.
El economista Paul Craig Roberts, veterano del gobierno de Ronald Reagan, ha notado que mientras Secretario de la Tesorería Henry Paulson aprueba setecientos billones para los bancos, niega ayudar con 25 billones a familias en riesgo de perder sus casas.
Así es que muchas economistas han comentado que es absurdo esperar que las instituciones financieras internacionales, más que todo el Fondo Monetario Internacional, podrían funcionar adecuadamente para manejar los recursos necesarios para mantener el equilibrio en la economía global.
El FMI responde a sus amos en la Tesorería estadounidense.
Pocos admiten que el fracaso no es meramente un fracaso de la ideología del neoliberalismo sino del sistema capitalista como tal. El mercado libre no existe, jamás ha existido y nunca existirá. El argumento verdadero es sobre cuáles deben de ser los objetivos de la regulación de los mercados.
Si uno lee los documentos del Banco Mundial, de la Organización por Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), del Fondo Monetario Internacional, o, quizás en menor grado, del CEPAL - la impresión dominante es que el sufrimiento de millones de seres humanos es de una importancia secundaria. Todas estas instituciones expresan sus criterios como si hubiera una capa de realidad teórica que tenga prioridad sobre la vida humana. Un corolario de esta mentalidad es una aparente falta absoluta de un sentido histórico en estas organizaciones.
Por ejemplo, si uno lee la publicación "Perspectivas Económicas para América Latina 2009" de la OCDE, su enfoque es sobre el papel de las estructuras fiscales en relación al desarrollo. Los autores notan que los ingresos fiscales para los gobiernos en América Latina son menores en proporción a los de los países del OCDE - 23% contra 42% respectivamente. Adentro del documento se nota de paso, sin mayor comentario, que este hecho se debe a la pobreza de la mayoría de la población. Se nota que, "Se necesita un cambio de enfoque si los gobiernos latinoamericanos van a explotar plenamente el potencial de las políticas fiscales como una herramienta para el desarrollo." No se menciona para nada el papel que las imposiciones de los países ricos, por diversos medios, han jugado en negar a los países de América Latina el desarrollo que sus pueblos tanto necesitan.
Las suposiciones de los autores todavía surgen del Consenso de Washington que ha sido el sostén ideológico de este tipo de documento por casi 20 años. Una cosa que sorprende es que el colapso del sistema capitalista desde julio de 2007 aparentemente no ha impactado todavía en el pensamiento teórico de la clase gerencial que dirige las instituciones financieras internacionales.
Afuera de las instituciones dominadas por los países ricos del Bloque Occidental, hay otra dinámica que podría convergir con el desarrollo del ALBA.
Después de participar en el cumbre de los países de la Cooperación Económica de Asia y el Pacífico (ACP) el 22 y 23 de noviembre en Lima, Presidente Medvédev de Rusia visitará Brasil y Venezuela. Antes de la cumbre de APC el Presidente de China está visitando a Cuba, Costa Rica y Perú. La coincidencia de estas visitas durante la peor crisis económica por muchas décadas no puede ser un accidente. Seguramente tiene una fuerte relación con un problema fundamental que tiene China y, en menor grado Rusia, por motivo de la hegemonía de la moneda estadounidense.
Tanto China como Rusia tienen altas reservas de la moneda estadounidense que está perdiendo valor de una manera acelerada a raíz de las políticas desesperadas de las autoridades monetarias y financieras de Estados Unidos para impedir el colapso de su sistema financiero y su economía. China y Rusia tienen que comprar dólares en la forma de deuda estadounidense, porque si no lo hacen sus propias monedas aumentarán en valor de una manera negativa para su comercio, haciendo caras sus exportaciones y baratísimas las importaciones de Estados Unidos. El problema para los dos países es como gastar esas grandes reservas de dólares de una manera que fomenta el desarrollo de sus propias economías.
Una manera es por medio de significativas inversiones en los países de América Latina y de África. En el caso de China, esto garantizaría los recursos vitales para su economía por medio de la cooperación. En el caso de Rusia - y de China también, por supuesto - abriría nuevos mercados de exportación.
Ese tipo de inversión podría ser especialmente beneficiosa para las economías latinoamericanas ahora. Como lo demás del mundo, América Latina podría ser cada vez más afectada por la renuencia de los grandes bancos estadounidenses de soltar dólares en los mercados financieros internacionales.
Economistas en China ya han insistido públicamente - hay que encontrar una alternativa al dólar como moneda global. Economistas progresistas en Estados Unidos, como Dean Baker y Mark Weisbrot del Centro de Investigaciones Económicas y Políticas destacan dos aspectos imprescindibles como respuesta a la crisis. En general Baker argumenta que se debe correr un deficit para promover inversión en capital productiva y en infraestructura.
El ejemplo de China refuerza el argumento de Baker. China últimamente ha declarado que invertirá casi US$600 mil millones en su economía interna. Para Estados Unidos Baker argumenta, " El verdadero impulso para alentar la economía a corto plazo tendrá que ser grandes cantidades de estímulo fiscal. Habrá que dar una gran dosis de estímulo (alrededor de 2% o 3% de PIB) para sostener la economía estadounidense a corto plazo.
A más largo plazo el dólar tendrá que caer para cerrar más el déficit comercial. La caída del dólar implica una reducción en los niveles de vida. Pero, si la economía logre crecer de una manera saludable, el impacto será relativamente limitada (p.ej. una disminución en el nivel de vida de 2% o 3% debido a una caída del dólar equivaldría a alrededor de dos años de crecimiento)."
Por supuesto la situación en cada uno de los países de América Central y el Caribe o de los países andinos es diferente. Pero es impresionante que ALBA ha priorizado precisamente ese tipo de inversión aún antes de la crisis en los países ricos que ahora amenaza a todo el mundo. El motivo de esa previsión de parte de los países del ALBA parece ser sencillo. Las regiones que han beneficiado del ALBA ya habían estado en crisis, precisamente por haber sido víctimas de las políticas perennes de los países ricos.
El tema de un manejo adecuado de la balanza de pagos es otro área en que los países del ALBA ya tienen planificado una respuesta poderosa por medio del Banco del ALBA y, si se le quiten las trabas, en el Banco del Sur.
El colega de Dean Baker, Mark Weisbrot argumenta, "Será importante a corto plazo para los países del ALBA, junto con tantos otros como posible, a coordinar sus respuestas a la crisis financiera actual y a la caída de actividad económica.
A más largo plazo será necesario para ellos construir y extender las instituciones capaces de fomentar la integración y desarrollo regional. Algún acuerdo sobre como compartir las reservas financieras podría ser muy importante en el futuro cercano. En términos de coordinar su respuesta a la situación en que estamos, podría ser que existe un potencial para organizar su propio esfuerzo colectivo para tomar préstamos de los países que poseen excedentes (p.ej. los productores del petróleo o China) quienes tienen reservas que sobran.
Eso crearía una alternativa al esfuerzo de Estados Unidos y el Reino Unido de canalizar fondos para ese propósito por medio del FMI. Es posible que podrían usar también el Fondo de Reserva para América Latina." Está claro que mientras existen las condiciones y espacio para maniobrar estos criterios de Baker y Weisbrot y otros economistas con respecto a la crisis económica global son muy útiles.
Pero el tiempo corre. Estamos todavía en una etapa temprana de la recesión profunda que se está desarrollando a nivel mundial. Lo más probable es que las opciones van a ir cerrándose de una manera acelerada en el primer trimestre de 2009. Los poderes imperialistas de Norte América y Europa buscarán explotar las crisis políticas en América Latina en este contexto económico para recuperar la influencia que han perdido en los últimos años. Es un desafío para ALBA en que la humanidad entera exige otra victoria más.

Ecuador declara moratoria de deuda

13-12-2008 TeleSUR

Entiende que se trata de deuda ilegítima, el gobierno ordena a la Fiscalía que inicie una investigue a varios ex gobernantes


El presidente de Ecuador, Rafael Correa, declaró este viernes la moratoria en el pago de la deuda externa de su país, por considerar algunos tramos ilegítimos, posición que parte de las conclusiones a las que llegó la Comisión de Auditoría Integral del Crédito Público, que investigó las actividades del endeudamiento.

Durante una declaración, en la ciudad portuaria de Guayaquil (suroeste), el Jefe de Estado informó que dió la orden para que no se transfieran los 30,6 millones de dólares del pago de intereses de los Bonos Global 2012, que suman un total de 3 mil 800 millones de dólares.

El Jefe de Estado de Ecuador creó en julio de 2007 una Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público (CAIC) con el objeto de establecer la legitimidad, legalidad, pertinencia e impactos sociales, económicos y políticos de los préstamos, negociaciones y renegociaciones de la deuda externa ecuatoriana.

Los investigadores encontraron serios indicios de ilegalidad en la contratación de créditos internacionales, ante ello, la Fiscalía Nacional inició una indagación previa contra varios ex gobernantes.

Con respecto a las determinaciones de la indagación, el mandatario de la nación dijo que "Los resultados fueron tremendos, lo que se ha hecho con la deuda es inmoral, es traición a la patria, claramente ilegítima".

Explicó que el siguiente paso es "demostrar su ilegalidad, sobre todo en los tribunales internacionales".

Sostuvo este viernes que está dispuesto a asumir toda la responsabilidad de la decisión que tomó al declarar la mora, lo que podría implicar eventuales reclamaciones de los acreedores.

Indicó que estudia con abogados nacionales e internacionales la estrategia jurídica para no pagar los fragmentos de la deuda externa que se establezcan como "inmorales" e "ilegítimos".

"Lo que está pasando en Ecuador no es casual, es parte de un proceso de cambio profundo, radical y rápido", añadió.

Dijo que los acuerdos de cancelación de la deuda se han realizado "siempre en función de los acreedores, pisoteando los intereses, dignidad y soberanía de nuestros países".

La administración ecuatoriana además emprendió una campaña internacional para llevar delegaciones a Perú, Argentina, Chile y Estados Unidos, en busca de apoyo para dejar de pagar los segmentos de la deuda externa que presenten irregularidades.

Solicitud de ayuda a la ONU

Este viernes el Gobierno ecuatoriano solicitó a la Organización de Naciones Unidas el apoyo de la comunidad internacional a su propuesta de establecer una normativa global que regule el mercado de deuda externa.

Con el fin de recabar apoyos, una delegación encabezada por el ministro de Coordinación de la Política de Ecuador, Ricardo Patiño, se reunió en Naciones Unidas con el Grupo de los 77 (G-77) y China, que aglutina a 132 naciones en desarrollo.

"Tenemos una clara intención de desconocer esos tramos de la deuda externa, e interna, ecuatoriana que consideramos que son ilegales e ilegítimos", aseveró el ministro Ricardo Patiño.

lunes, 6 de octubre de 2008

La teología de la liberación cumple 40 años

Rebelión, 06-10-2008

Entrevista a Gustavo Gutiérrez, uno de los padres del movimiento de la teología de la liberación en América Latina

Ángel Darío Carrero
Cuadernos opción por los pobres


– ¿Cuándo comienza a asumir, como punto de partida de la teología, la realidad de la violencia y de la pobreza en Latinoamérica y el Caribe?

– Comencé a trabajar en marzo del '64. Hubo una reunión convocada por Iván Illich. Lo conocí cuando estaba todavía en Puerto Rico en el año '60. Fue Iván quien citó a una reunión muy informal en Petrópolis para que dijéramos cómo veíamos el trabajo de la teología en América Latina.

– ¿Y cuál fue su aporte?

– Hablé de teología como una reflexión sobre la pastoral y sobre la vida cristiana. Eso que formulé más tarde como reflexión crítica sobre la praxis a la luz de la fe.

– ¿Lo primero que surge es el establecimiento de un método que parte de la vida real para iluminarla a la luz de la Palabra y abrir caminos concretos de liberación?

– Así es. Yo me pasé prácticamente todos mis estudios de teología sumamente preocupado en la cuestión del método. De ahí la frase: "nuestra metodología es nuestra espiritualidad".

– El tema de la cercanía a los pobres no es nuevo, pero sí la indagación en las causas de la pobreza y la lucha contra la pobreza como parte de la identidad cristiana. ¿Cuándo comienza esta transición?

– Me invitaron a hablar sobre la pobreza en Montreal en 1967. Quería tomar distancia de Voillaume, el autor de En el corazón de las masas, porque él evitaba cualquier perspectiva demasiado social en torno a la pobreza; pero la verdad es que no se puede evitar el hecho social. Hablé de tres nociones bíblicas sobre la pobreza: primero la pobreza real o material, vista siempre como un mal. La segunda es la pobreza espiritual, como sinónimo de infancia espiritual. La pobreza espiritual es poner mi vida en las manos de Dios. El desprendimiento de los bienes es consecuencia de la pobreza espiritual. Y la tercera dimensión es la solidaridad con los pobres contra la pobreza. Voillaume hablaba de que había que ser pobre. Sí, muy bien, ¿pero para qué? ¿Qué sentido tiene? No es únicamente para santificarme yo. Había que plantearse lo que significa para el otro.

– ¿Algún otro elemento importante de esta arquitectónica inicial?

– Una preocupación: ¿cómo anunciar el Evangelio hoy? La teología se hace para anunciar el Evangelio, al servicio de la Iglesia, de la comunidad. Hay muchas facultades que piensan en la teología como una metafísica religiosa, no como anuncio histórico de liberación.

– ¿Cuándo comienza a llamarse “teología de la liberación” a este nuevo modo de pensar la fe desde la perspectiva del pobre y del excluido?

– El 22 de julio de 1968 en Chimbote, Perú. Me pidieron hablar de "teología del desarrollo" y me negué. Les dije que hablaría de teología de la liberación, que era más pertinente a nuestro contexto. Otra cosa que estaba de moda era la "teología de la revolución", de la cual también tomé distancia. El peligro de la misma era que pretendía cristianizar un hecho político.

– A diferencia de otros, usted nunca estuvo de acuerdo con partidos o grupos como la Democracia Cristiana ni con Cristianos por el Socialismo, aunque acentuaba la dimensión política de la fe. ¿Por qué?

– Nunca me gustó que se usara lo cristiano como adjetivo. Lo cristiano es un sustantivo. Siempre dije: "Soy cristiano por Cristo, no por el socialismo." Que como cristiano alguien haga una opción por el socialismo es otra cosa, pero no puedo deducir el socialismo por el camino de la Biblia. De la Biblia deduzco la opción por la justicia, la opción por el pobre. La gente cuando no entiende esto dice: "Oye, pero tú niegas la política, estás del lado contrario." Yo respondo que también creo en la autonomía de lo social y lo político.

– ¿Cuándo comienza la idea de formar el libro que se convertirá en el texto fundacional de la teología latinoamericana contemporánea: Teología de la liberación . Perspectivas ?

– En realidad no pensé escribir un libro propiamente. Uno trabaja en los temas que le interesan y poco a poco va saliendo. Al comienzo de 1969, poco después de Medellín, una comisión ecuménica sobre temas de desarrollo me invitó a Ginebra. Entonces retrabajé la ponencia que había dado en Chimbote y así lo seguí ampliando.

– ¿Tuvo oferta de alguna editorial concreta?

– No, pero pasó Miguel d'Escoto, de Maryknoll, que acababa de fundar Orbis Books. Vio el libro y me dijo: "Lo publico." Fue el primer libro publicado por esta editorial. Lo hizo traducir y lo publicó en 1973, y ha sido el libro más vendido de esa editorial. Luego pasa el editor de Sígueme, de España, y lo mismo. Otro que se interesó fue Gibellini. La edición italiana es incluso anterior a la española. Ya está traducido como a diez o doce lenguas, también al vietnamés y al japonés.

– ¿Cuál es la oposición principal que recibe el libro?

– Yo diría que más que al libro, era ya a la Teología de la Liberación. Ya mucha gente estaba escribiendo. Se criticaba el enfoque marxista del análisis de la realidad, pero yo no me sentía aludido. Ahora bien, la oposición más fuerte que hemos tenido no ha sido dentro de la Iglesia, sino en algunos componentes de la sociedad civil, en los poderes fácticos, económicos, militares, políticos.

– La discusión abierta es signo de una teología que le dice algo al hombre y a la mujer de hoy, que genera diálogo crítico no sólo al interior de la Iglesia sino con la sociedad.

– Buena parte de las reacciones vienen de la acogida que tuvo. Si me hubiera quedado en un ambiente de intelectuales no hubiera tenido ese impacto. Hubo una acogida de la base, incluso con expresiones que a mí nunca me han convencido, pero que nacen de la buena voluntad, que dicen: "Yo soy de la Teología de la Liberación." Pero la Teología de la Liberación no era ni es un club en el que uno se inscribe, ni un partido. Se cantaban miembros y luego decían lo que querían y no siempre correspondía con lo que uno pensaba. Son cosas inevitables.

– Pero también hay una necesidad de encontrar fallas a una teología que provenía del sur.

– Un periodista estadounidense me preguntó: "¿Qué piensa la Teología de la Liberación de este problema mundial?" Le dije: "Usted cree que esto es un partido político y que yo soy el Secretario General. Pues no." También le dije: "A que usted no le pregunta a Metz (Juan Bautista): ¿qué piensa la teología política europea de este problema mundial? A él no, pero a esta teología sí. Claro, porque aquello sí es teología. Metz es alemán." Algunos reaccionaban de este modo porque piensan que algo venido de América Latina debe tener fallas grandes. Tienen que encontrarlas a como dé lugar. Si es latinoamericano tiene que haber alguna posición rara. Quieren cosificar una teología.

– Si uno se deja llevar sólo por lo que está escrito en la prensa, tal parece que usted ha sido condenado por la Iglesia. Y no es cierto.

– Es curioso. En mi caso nunca hubo condena, ni siquiera hubo un proceso; sí hubo un llamado diálogo, preguntas que siempre estuve dispuesto a contestar.

– ¿Le parece válido este tipo de diálogo?

– Siempre he creído que la teología se hace al interior de la Iglesia. En la Iglesia hay carismas distintos. A uno que escribe teología le pueden preguntar que dé razón de su fe, así como damos razón de nuestra esperanza. A ese nivel de preguntas no hay que ofenderse.

– ¿Cuánto duró el diálogo?

– Comenzó en 1983 y concluyó de varias maneras, pero con papel oficial hace cinco años. Durante mucho tiempo todo estuvo en silencio. No hubo nada conmigo.

– ¿Qué dice el texto oficial?

– La expresión es que todo concluyó satisfactoriamente.

– ¿Tuvo varios encuentros cara a cara con el cardenal Joseph Ratzinger?

– Sí, para gran parte de ellos no fui convocado, sino que yo mismo tomé la iniciativa. Ratzinger es un hombre inteligente, educado y, dentro de su propia mentalidad, ha evolucionado, ha entendido muchas cosas. En una ocasión, en Roma, me dijo que había leído mi libro sobre Job. Yo mismo le enviaba mis libros. Siempre he creído que la distancia crea fantasmas. Me dijo que le había gustado y que los teólogos del sur teníamos poesía, que la teología europea era más fría...

– Su modo de proceder ha sido siempre poco conflictivo, enormemente dialógico y carente de dramatismo. Algunos creen que corresponde a su personalidad, pero creo que hay aquí algo profundamente eclesial.

– Exacto. Todo viene de que el mundo que más dice a mi vida no es el mundo intelectual. No es la defensa de mis ideas porque son mis ideas. Me interesa la vida de la Iglesia, el anuncio del Evangelio y la vida de las conferencias episcopales.

– La teología carga la huella de su tiempo. Estamos claramente entrando a otro tiempo en el que no se siente la misma urgencia y se abren otras rutas a la fe.

– Hasta los cuarenta años nunca hablé de la Teología de la Liberación y creo que era un cristiano de verdad. Así que seré cristiano después de la Teología de la Liberación. Cuando me hablan de que ya murió la Teología de la Liberación yo digo: "Pues mira, a mí no me invitaron al entierro y creo que tenía algún derecho." Luego les digo: "Pues fíjate, creo que un día sí va a morir." Entiendo por morir el hecho de que no tenga la misma urgencia que antes. Eso me parece normal, fue un aporte a la Iglesia en un determinado momento.

– Creo que se cuida bien de no convertir a la teología en un ídolo, en una ideología a la defensiva.

– No hay que hacer de una teología una nueva religión. Es la tendencia de la sociedad civil. Algunos piensan que la Teología de la Liberación es una especie de cristianismo distinto, el mío. Y hasta lo dicen elogiosamente, no por criticar. No creen en el cristianismo, pero sí en la Teología de la Liberación. Pues lo siento, lo importante es el cristianismo, no la Teología de la Liberación; ésta sólo se entiende al interior del cristianismo.

– ¿No cree que antes se hablaba de pluralismo teológico, pero era en realidad un pluralismo limitado, es decir, dentro de una mentalidad casi exclusivamente europea?

– Sí, y todavía en la academia teológica se habla de nosotros como teología contextual, un pensar que mantiene una estrecha relación con la realidad. Cuando me dicen esto, yo les digo para molestar: "Ay, usted tiene una idea muy mala de la teología europea. Me está diciendo que no son contextuales. Me está diciendo que es una teología que no tiene relación con la realidad. Una teología en el aire. Yo no creo eso."

– ¿Ha tenido que luchar contra cierta pretensión de superioridad?

– Muchísimo. Llamar contextual a una y no contextual a la otra es un ejemplo. Todo pensar corresponde a un contexto. Más que un rechazo a la Teología de la Liberación, es una comunicación con un punto menor, como si fuéramos algo subalterno. Ha habido muchas cosas por el estilo. Se aceptaban las ideas, pero se criticaba la Teología de la Liberación. ¿Qué es eso?

– Estábamos acostumbrados a que la teología sólo dialogara con la filosofía y no con las ciencias sociales. Es una novedad que costó aceptar al principio.

– Curioso, porque hoy las ciencias sociales están de lleno dentro de la teología. Esa crítica a la Teología de la Liberación ya prescribió. Y todo esto ocurre a pesar de que nunca dijimos que las ciencias sociales reemplazaban a la filosofía en la teología, sino que ampliábamos el abanico de luces y disciplinas humanas para trabajar el misterio cristiano.

– Además toda teología verdaderamente creadora genera resistencias. Es la prueba de fuego de su valía.

– Evidente. Mira la reacción ante el diálogo de Teilhard de Chardin con las ciencias naturales. Y el ejemplo clásico de Santo Tomás de Aquino. Hablo de un gigante frente a esta teología tan enana como la Teología de la Liberación. Tuvo resistencias enormes, fue condenado por la Universidad de París y tomó siglos que se le reconociera. Él incorporó una filosofía que provenía de un pagano, la repensó, la retomó, la mezcló.

– ¿Cree que estamos ya en un nuevo y mejor momento?

– La cosa más dura y polémica ha quedado atrás. Debe quedar para los historiadores. Y es muy bueno decir que ya pasó. Si algo ha muerto realmente es esta polémica. Yo creo que ya es tiempo de bajar el tono.

– Hay un texto en el que usted se mueve reflexivamente hacia el contexto actual de la globalización y de la postmodernidad y hacia los retos que plantea a la teología. Me refiero al ensayo ¿Dónde dormirán los pobres? Allí comienza a hacer una crítica a la tentación de hacer de la teología misma un ídolo.

– Cuando de alguna cosa que no sea Dios hago un absoluto, caigo en la idolatría. He oído decir: "Teología de la Liberación o nada." Nunca he dicho: "Si usted quiere comprender a Cristo lea la Teología de la Liberación." Ahora, si alguien me pregunta si creo que leyendo sobre Teología de la Liberación va a comprender algo importante del cristianismo, pues sí. Es provocador decirlo, pero también la justicia puede convertirse en un ídolo. He visto cómo los pobres son maltratados por personas que se creen mucho más claras políticamente que ellos. Yo estoy muy marcado por una cosa de Pascal que leí a los quince años: "El abuso de la verdad es peor que la mentira." Uno puede tener la verdad y abusar de ella. La persona es siempre más importante.

– Su reflexión más reciente ha advertido también sobre la tentación de hacer del pobre mismo un ídolo…

– Eso viene del romanticismo de algunos. Hay gente que me dice: "Todo lo he aprendido del pobre, el pobre es tan bueno." A veces, bromeando les digo: "Usted cree que todos los pobres son buenos y generosos, pues yo no les aconsejo que vayan a mi barrio a las dos de la mañana porque se quedarán como cuando nacieron, sólo que más viejitos." Es una manera de hacer entender que la opción no se hace porque el pobre sea bueno, sino porque Dios es bueno. Si el pobre no es bueno, pues también. Mucha gente se decepcionó del compromiso porque creían que el pobre era bueno. Si hubiesen entrado porque Dios es bueno, todavía estarían comprometidos.

– De hecho, en un artículo suyo titulado "San Juan de la Cruz en América Latina" deja apuntado que lo que podría ayudarnos a evitar este camino idolátrico (que aunque habla de liberación no libera) sería abrirnos a la dimensión más mística de la fe.

– Si algo tiene la mística es la capacidad de ayudarnos a depurar la noción de Dios. Si vemos el dibujo de San Juan de la Cruz, hay un momento, a partir de la mitad de la falda del monte, en el que dice que a partir de ahí no hay camino. Eso es la mística. Un caminar hacia el Señor. Seguir haciendo de Él, conforme avanza nuestra vida, nuestro único absoluto. Sin esta dimensión mística no hay verdadero compromiso con los pobres. Ahora bien, hay que cambiar la noción de mística. No es como se dice por ahí: salir de este mundo. No se trata de transmitir un mensaje, sino de "transmitir lo contemplado". A esto hay que añadir la intuición de Nadal: ser "contemplativos en la acción"..

– Lo que a veces se anuncia como mística, incluso en importantes teólogos o estudiosos, todavía tiene excesivas reminiscencias neoplatónicas negadoras del cuerpo de la historia..

– La mística no es un desinteresarse de este mundo. Todavía hay gente que encuentra muy místico a alguien que no pisa tierra. Si no le importa el pobre no estoy seguro de que se trate de una experiencia mística. Es interesante que una mística, Teresita de Lisieux, sea patrona de las misiones.

– Progresivamente usted ha ido insistiendo en la poesía como el mejor lenguaje para hablar de Dios.

– La poesía es el mejor lenguaje del amor. Y Dios es amor. El mejor lenguaje para hablar de Dios es la poesía. Un lenguaje profundo que ve el mundo y ve la relación con el otro desde una dimensión y una hondura que el concepto no ofrece. Aunque no escribamos poesía, la teología misma debe ser siempre una carta de amor a Dios, a la Iglesia y al pueblo que servimos.

jueves, 2 de octubre de 2008

¿Fin del liderazgo estadounidense?

02-10-2008

John Gray/ Clarín

En un cambio de tanto alcance en sus consecuencias como la caída de la Unión Soviética, lo que está colapsando es todo un modelo de Estado y de economía. La consecuencia será que EE.UU. dependerá más de las nuevas potencias emergentes.

Es probable que tengamos la mirada puesta en los mercados que se derrumban, pero la conmoción que estamos experimentando es más que una crisis financiera, por grande que ésta sea. Estamos ante un cambio geopolítico histórico, en el cual el equilibrio de poder en el mundo está siendo alterado de manera irrevocable. La era del liderazgo global estadounidense, que se remonta a la Segunda Guerra Mundial, llegó a su fin.

Es algo visible en cómo a Estados Unidos se le ha ido el dominio de las manos en su propio patio trasero, con el presidente venezolano, Hugo Chávez, provocando y ridiculizando a la superpotencia con impunidad. Pero el revés para el estatus de Estados Unidos a nivel global es más sorprendente todavía. Con la nacionalización de partes cruciales del sistema financiero, el credo del mercado libre estadounidense se autodestruyó mientras que los países que mantuvieron el control general de los mercados han sido reivindicados.

En un cambio de tanto alcance en sus consecuencias como la caída de la Unión Soviética, lo que colapsó es todo un modelo de Estado y de economía. Desde el final de la Guerra Fría, sucesivas administraciones estadounidenses sermonearon a otros países sobre la necesidad de tener finanzas sólidas. Indonesia, Tailandia, Argentina y varios estados africanos soportaron severos recortes en el gasto y profundas recesiones como precio por la ayuda del Fondo Monetario Internacional, que aplicaba la ortodoxia estadounidense.

China, sobre todo, era constantemente intimidada por la debilidad de su sistema bancario. Pero el éxito de China se ha basado en su desprecio constante por los consejos occidentales y no son los bancos chinos los que en este momento se van al tacho. Pese a exhortar permanentemente a otros países a adoptar su manera de hacer negocios, Estados Unidos siempre había tenido una política económica para sí mismo y otra para el resto del mundo. Durante todos los años en que fustigó a los países que se apartaban de la prudencia fiscal, se endeudó a una escala colosal para financiar recortes fiscales y patrocinar compromisos militares desmesurados.

Ahora, con las finanzas federales críticamente dependientes de que continúen los grandes flujos de capital extranjero, los países que despreciaron el modelo estadounidense de capitalismo serán los que definirán el futuro económico de Estados Unidos. No es tan importante cuál de las versiones de salvataje de las instituciones financieras pergeñadas por el secretario del Tesoro, Henry Paulson, y el presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke será adoptada finalmente como qué significa el rescate para la posición de Estados Unidos en el mundo.

El sermón populista sobre los bancos codiciosos que se está ventilando a los gritos en el Congreso es una distracción de las verdaderas causas de la crisis. La condición desastrosa de los mercados financieros de Estados Unidos es consecuencia de los bancos estadounidenses que operan en un entorno donde vale todo que esos mismos legisladores estadounidenses crearon. Es la clase política estadounidense, al adoptar la ideología peligrosamente simplista de la desregulación, la responsable de la confusión actual. En las actuales circunstancias, una expansión sin precedente del Estado es la única forma de prevenir una catástrofe del mercado. La consecuencia será, no obstante, que Estados Unidos dependerá más todavía de las nuevas potencias ascendentes. El Estado federal está acumulando préstamos aún más grandes, lo cual puede hacer temer acertadamente a sus acreedores que nunca los pagará.

Puede muy bien sentirse tentado de inflar esas deudas en una ola inflacionaria que dejaría a los inversores extranjeros con gravosas pérdidas. En esas circunstancias, ¿los gobiernos de países que compran grandes cantidades de bonos estadounidenses, China, los Estados del Golfo y Rusia, por ejemplo, estarán dispuestos a seguir apoyando el rol del dólar como divisa de las reservas? ¿O estos países verán ahora una oportunidad de inclinar la balanza del poder económico más a su favor?

Sea como sea, el control de los acontecimientos ya no está en manos estadounidenses. El destino de los imperios a menudo es sellado por la interacción de la guerra y la deuda. Es lo que pasó con el Imperio Británico, cuyas finanzas se deterioraron desde la Primera Guerra Mundial en adelante, y con la Unión Soviética. La Guerra de Irak y la burbuja crediticia debilitaron fatalmente la primacía económica de Estados Unidos. Continuará siendo la economía más grande del mundo durante un tiempo, pero las nuevas potencias ascendentes, una vez superada la crisis, se encargarán de comprar lo que quede intacto en el naufragio del sistema financiero estadounidense.

Está naciendo un nuevo mundo casi de manera inadvertida, en el que Estados Unidos es nada más que una de varias grandes potencias, enfrentando un futuro incierto que ya no puede definir.

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(*)Filósofo (Profesor de la London School of Economics)
Copyright Clarín y John Gray, 2008. Traducción de Cristina Sardoy

miércoles, 20 de agosto de 2008

Discurso pronunciado por el Presidente de la República del Paraguay, don Fernando Lugo

En la tónica del artículo de Galeano, Coni nos manda un discurso del presidente entrante de Paraguay, Fernando Lugo, pronunciado el viernes pasado, 15 de Agosto de 2008.

Me parece que este discurso y el artículo de Galeano, manifiestan una corriente que viene tomando fuerza en Sudamérica. "Es importante que vuestro Presidente deje en claro un dato: el cambio no es una cuestión electoral; el cambio en Paraguay es una apuesta cultural, quizás la más importante en su historia." dice Lugo a su pueblo.

Además del texto del discurso, hay fotos de su toma de posesión y videos. Pueden ver todo esto en el blog de Fernando Lugo.

Saludos,

Paco

lunes, 4 de agosto de 2008

"Incompetentes juegan con fuego": Gustavo Esteva

Noticias de Oaxaca, domingo, 03 de agosto de 2008
Por PEDRO MATIAS

"En Oaxaca, un grupo de incompetentes está jugando con fuego ante la pradera seca", sintetizó el académico especialista en movimientos sociales e indígenas, Gustavo Esteva, en alusión a la parte "negra" que está padeciendo la entidad por el "el crimen organizado que está en el gobierno".


Sin embargo, la parte positiva, es que en sus 50 años de observar la situación social de Oaxaca, "nunca he visto tanto movimiento y efervescencia abajo", lo que debe de preocupar al gobierno.

Y aunque "hay miedo, intimidación, apatía y hasta sensación de derrota por lo vivido en el 2006 porque hay gentes que dicen: 'ya probamos todo y no hay nada que hacer, las elecciones ya sabemos que son un fraude, probamos la acción directa y no sirvió para nada', entonces, hay un efecto psicológico de daño; sin embargo, al mismo tiempo se está generando una movilización inteligente, novedosa e imperceptible".

Explicó que esta efervescencia social es "invisible para los medios de comunicación porque no es nada espectacular; no se define por marchas, sino que se concretiza en iniciativas por la generación de un nuevo tejido social".

Consideró que ya están cansados de actuar al botepronto, y ahora lo que se busca es hacer un diagnóstico a fondo para generar los consensos democráticos de todas las colonias para organizar el trabajo y la lucha.

Aquí lo novedoso, agregó, es que la maduración de este movimiento no viene de un dirigente partidario o de organizaciones, sino de vecinos que revisan hacia adentro del movimiento para consolidarse.

El presidente del consejo de la Universidad de la Tierra en Oaxaca, destacó que una parte de la reacción que se está observando "es que los ciudadanos no vamos a dejar que arruinen el ambiente, la vida cotidiana y el tejido social en la ciudad". Muestra de ello es que lograron evitar la instalación de una cadena de tiendas comerciales en la colonia Reforma.

Pese a que el gobierno estatal y federal siguen en su postura de no ver ni oír lo que pasa en la entidad, "en Oaxaca estamos a punto de estallar por cualquier cosa; (sin embargo), nuestro reto, es cómo lo hacemos en paz, cómo encauzar toda esta energía y rabia de manera democrática, no violenta".

En cuanto al nuevo ingrediente que se ha observado en el estado con la presencia del crimen organizado, el también analista político consideró que "lo que está pasando en Oaxaca es que mezclan a los delincuentes, a los narcos y a las mafias de toda índole que están secuestrando, asaltando y ejecutando".

Insistió en que "aunque bastante desorganizada, el verdadero crimen organizado está en el gobierno porque vivimos en un clima de impunidad".

Lamentó que en la medida en que la Suprema Corte de Justicia de la Nación siga haciendo sus investigaciones inacabables para reestablecer el orden constitucional, lo que no se ha conseguido, "vivimos en medio de la impunidad".

Entonces, abundó, "todos los delincuentes, de todos los colores, los que están en el gobierno y fuera de él, saben que viven en la impunidad en Oaxaca porque saben que no pasa nada".

Muestra de ello es que todos los sectores saben perfectamente que "puede pasar cualquier cosa en Oaxaca y no habrá ninguna consecuencia; en síntesis se puede cometer cualquier atropello de cualquier índole y no tiene ninguna consecuencia".

Por lo que respecta a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, opinó que "el lado del movimiento nunca fue el consejo o la comisión coordinadora de un grupo de organizaciones más o menos verticales que se han dedicado a pelearse unas con otras, sino que el movimiento fue siempre un imán de movimientos que confluyeron en un momento determinado".